domingo, 16 de junio de 2019


El vacío

Quizás es el frío, o que faltan 15 días para mi cumpleaños. O que entre datos exactos y algunos inventados construyo maneras de sentirme bien en mi mente. Quizás es que eso en algún momento me fue funcional, pero después me decepcioné con  la realidad. “Con poco hacen mucho” me dijeron una vez de los perseverantes.

No se trata del éxito sino de la plenitud. ¿Esas imágenes de mi mente son reales? ¿O son un sueño imposible? Hoy no juzgo mi escritura. Puede que tenga ese tinte de diario íntimo vulgar. De neurosis reiterativa. De escupitajo en el tenebroso límite de la congruencia. De asociación, de rima o de perdón. De canción vieja y emotiva noventosa. De cosas que no se si tienen un lugar en algún lugar; pero todas alquilan un departamento en mi cabeza. Albergan imágenes. Restos de películas y cafés en la cama.

Colores fluorescentes hacen a una buena producción. ¿O será que mi niño se impresionó con la parte superficial de lo que en realidad importaba? ¿O será que la mamushka tiene capas que no terminan nunca? Es prima de la cebolla. Cada capa otra mentira que algún día fue verdad, o que hoy mismo todavía opera como la verdad de alguien. En el vacío infinito que deja la filosofía, los duendecitos de mi mente empresarial construyen castillos sobre bosques empantanados. Buscan piedras preciosas, o las ollas de oro que según lo que escucharon por ahí existían. Tienen la esperanza de que la piel de gallina, y los cuchillos de este frío espantoso dejen entrever y leer entre líneas, aquel atisbo de fe que siempre los condujo a inhalar extasiados y  mirar al frente. A enfrentar la batalla con todos su vericuetos y notas de color.

Soy un dejo de todos esos pedazos. Me intento armar de vuelta. Me entrego a la eterna lucha de encontrar mi verdadera identidad. En este océano de incertidumbre. En este huracán de estímulos cibernéticos, imágenes cinematográficas y teorías kármicas. En esta infinita versión naif de mi vida que no durará para siempre, pero que se auto proclama plataforma de lanzamiento para mi anhelo más profundo: Ser amado por multitudes de gente que nunca me vió, pero que ya me conoce. Entre todos sabemos quiénes somos sin saberlo. Y sabemos que decir y que hacer. Es desgastante ser tan distraído. Tan charlatán. Tan talibán de mis propias mascaradas. Tan cascara de mi propio tubérculo plantado, modificado genéticamente para impresionar.





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