De vos
El silencio
de este domingo soleado me entristece y por eso la nostalgia y la verborrea.
Hoy a la mañana me levante al lado tuyo, y estabas calentita como siempre. Me acuerdo haber
deseado meses atrás una compañera. Estaba tapado de laburo y a mi
esencia la obstruían estructuras de una máquina, cuyo motor se quemó de tanta
quinta a fondo. Hoy paro la pelota y me levanto distinto. Pienso en mates y en
canciones. En hacer que mi vida crezca fuerte y duce al gusto como la canción
que buscamos por días. ¿Te acordás de esa secuencia? Siempre estuvo bajo
nuestras narices, y apareció cuando menos la esperábamos. Como cuando te cae la ficha por su propio peso en una buena sesión de terapia. Como la relación misma sin ir
más lejos. Perdoname mi lenguaje coloquial, pero a vos te hablo más cerca de
mis ejes simples. Te susurro más lento y entre cada oración me tomo el tiempo y
suspiro despacio. Y te acompaño con miradas penetrantes, que se asumen capaces
de estar a la altura de esta dinámica.
Que sé que te gustan y te desconciertan. Que se diluyen en este vicio inesperado.
En ese mate con tostadas untadas en palta a la mañana, que nos acompañó siempre. En
ese inevitable colchón de confianza algodonado, en el cual vivimos esta fiesta de
momentos invernales y taurinos. De porros lentos,
de besos suaves. Si nos sobran las
palabras está bien y si nos faltan también, porque sos pura y sencilla como el
final de un libro New Age. Como la relajación después de correr diez vueltas al parque Avellaneda, o el
primer garabato vendido en un emprendimiento viajero. Como tu fuego pionero.
Y la parte más
difícil; la que más impaciente me pone. Es que lo que yo escribo no podría ni
en la mejor de mis creencias facilitadoras, ni en el brillo más puro de mis historias
imposibles, ni en el sexo más intenso de mi animalidad, abordarte como quiero.
Porque siento tan dulce tu abrazo que no alcanzo a
tener la perspectiva correcta, de todo lo que el mundo me cuenta de vos.

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