Más suave
Verónica dice: "me duele así, los tenés que tocar más suave, frotarlos menos..."
Hace un poco de frío. Teo se detiene. Ya no la tiene dura. Ya está, se perdió ese tren.
Se abrazan... qué paja... Bah, justo qué paja, no... paja era la de hace un rato...
¡Humor negro! ¿siempre te salva, no? Buscar el confort en la decadencia. Qué ganas de saber hacer algo bien sin que te lo expliquen. ¿Eso pasa en algún momento de la vida o es un incesante examen de aptitud, en el que uno tiene que aprender a ser una versión mejorada de sí mismo todo el tiempo?
Vero se pone una remera.
Teo piensa que debería dejar de programar su vida. Piensa en muchas cosas hasta que lo distrae la remera amarilla de vero. Parece el nombre de una canción indie, ¿no?
"La remera amarilla de vero".
Pero no. Esta vez, no se permite que le llame tanto la atención. Porque sería concentrarse en algo que no quiere. Era chillón el amarillo, era patito, era doloroso verlo. Mejoraba a la vista cuando los pezones se le marcaban en la remera, pero igual, por alguna razón, era perturbadora la escena. Al mismo tiempo, reinaba cierta calma porque ella la vestía con naturalidad. Vero hacía que todas las cosas parecieran naturales, hasta tener miedo o mostrarse dudosa. La duda. ¿Será que Teo se había refugiado en sobre-analizar las cosas porque le gustaba dudarlas? ¿Será que pensar cuál hubiese sido la manera más adecuada de tocar a Vero era el tipo de actitud errónea para tocar a cualquiera siempre?
Si alguien le preguntara: "¿Encontrás confort en dudar de las cosas?" Le diría "¡no! Yo sólo quiero encontrar la verdad". Pero eso era mentira. Nadie quiere encontrar la verdad. Todos quieren robarse pedazos para construir la versión que les place. Y construir es todo lo contrario de encontrar. El que encuentra, encuentra porque buscó. Si hubiese estado ocupado construyendo, no hubiera buscado nada. Ya tendría construida su casita, en el medio de un campo, donde siempre hace 25 grados y hay manuales sobre como tocarle los pezones a la gente. Y gente por todos lados que no te juzga por practicar con ellos.
Vero dice: ¿Qué te pasa?
-¿Eh? No me pasa nada, perdón...
-No me pidas perdón, no se pide perdón por esas cosas.
Teo pensó en el hecho de que llamar a esa situación "esas cosas" era un abstracto y que todo lo abstracto tenía un hermano gemelo mega crudo y exacto. En ese caso, un médico lo llamaría "ansiedad de desempeño" y un amigo lo hubiese llamado "qué garrón, bro". Teo lo llamó amarillo, como la remera, que con azul hace verde pero sólo no es nadie. Como uno no es nadie hasta que no se junta con otro y recibe una polaroid de su alma apuñalada en una crítica, como por ejemplo: "Me duele así, los tenes que tocar más suave"
¿En qué estaba pensando Teo cuando imaginó que en el momento que hiciera eso por primera vez conocería la técnica secreta zen para acariciar los sexos de la gente? Probablemente en Vero y en cómo se había sentido cuando la vio por primera vez, arreglándole la viola. La única luthier mujer en diez kilometros a la redonda. Probablemente, esto hubiese estado planificado por razones equivocadas. Pensó que si le arreglaba la viola, capaz también era buena arreglando tristezas existenciales.
Vero dice: Tranqui, es re común.
Teo dice: Estoy cansado... Sí, ese es el problema. Bueno...me llevo la viola entonces-
Teo se viste y Teo se va. Teo no pensó en cantar una canción para alivianar el hecho que acababa de presenciar con su guitarra recién arreglada por un bombón. Tampoco pensó que cinco años después estaría reiterando enérgicamente el movimiento pélvico mas placentero de su vida con una pibita que en el fondo le caía mal, y que se había chamuyado solamente cantándole una canción con un nombre rarísimo, de uno de sus primeros discos. Ahora estaba acalorado y mirando de refilón la misma guitarra, mientras le daban pellizcos en las tetillas y cancinamente decía en voz alta: "me duele así, los tenés que tocar más suave, frotarlos menos."

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