Vizzaltari
La noticia decía que en los últimos días se había encontrado muerto al escritor de ciencia ficción más famoso de la Argentina de la última década. El señor Esteban Vizzaltari. Y esto, como a cualquier escritor novato, que tiene sueños húmedos con la posibilidad de crear el boceto de un mundo mágico, lleno de criaturas inefables y misteriosas, me partió al medio. Me atravesó como a cualquier imbécil que también busca, como se buscan las pepitas de oro entre algodones de tierra, narrar algún día una historia que condense en sí misma los aspectos más fundamentales del espíritu y de la vida. Una que conquiste el corazón de los seres humanos, mostrando esas ventanas hechiceras que funcionan para escapar de las garras de este mundo monótono y terco. Todo esto lo hacía el señor Vizzaltari en sus libros. Entre sus asiduos lectores lo llamábamos El general, por sus recurrentes personajes de lúmpenes sin voz, que evolucionaban a líderes de revoluciones espaciales. En ese momento, empachado de bronca, confundí el archivo y me di cuenta de que había abierto en la tablet, el registro de un tomo anterior del diario Unidos. Era del 9 de agosto y ya estábamos a 12. Es así que, entre un océano de notificaciones que brotaban de mis amigos lectores, probablemente para preguntarme sobre el tema en cuestión, descubrí una nueva noticia fresca de hacía apenas doce minutos y me ahogué a la mitad del café. La noticia decía: Se revela imagen inédita del difunto Vizzaltari atravasando un portal mágico.
Primero pensé que, en cuarentena, las noticias se estaban volviendo cada día más sensacionalistas. Pero después, recordé que el diario Unidos jamás había tenido ese tinte de fake news amarilla. Fue entonces que empecé a leer y, al parecer, la imagen había sido filtrada por uno de sus ex editores, que aseguraba que el señor Vizzaltari era un estafador. La imagen estaba en blanco y negro y se creía por el celuloide que tendría unos 45 años de antigüedad. Se veía a un hombre que, por el porte, podría ser nuestro sujeto en cuestión, con el cuerpo medio metido en una luz blanquecina. Al parecer, las fuentes confirmaron luego del infarto, que la foto coincidía con el interior de la casa del escritor y varios amigos habían aducido lo mismo. El punto era que Juan Estevez, quien había dejado de editar al general por diferencias artísticas hacía unos años, estaba empecinado en vender una historia en la que decía que sus escritos eran crónicas de hechos reales, ocurridos en universos alternos y no historias de ficción. Que el mismo Vizzaltari le prohibía entrar al estudio las noches en las que se quedaba trabajando hasta tarde, entre las 12:45 y las 4:00 AM, porque decía que era su momento de mayor inspiración y no quería ser interrumpido. Un día, Juan había atravesado la puerta para brindar por el éxito del último libro omitiendo esta regla y, sin que lo vean, había tomado la foto. Días después, se separaron. Ah sí, quizás se me olvidó mencionar el pequeño detalle de que además de editor y escritor eran pareja, pero eso sólo se divulgó años después. ¡Y ahora esto!
Por muy moderno que se hubiese puesto el mundo, nadie le creía a Estévez. Sin embargo, yo hice lo que suele hacer un escritor cuando ve algo raro en su obra, algo que no le cierra,y dudé para ver qué más había en este meollo de Sci-fi bizarro. Visité al editor en su monoambiente de Lanús y comprobé que quizás el negocio editorial no había tenido buenos pasares en los últimos años. Principalmente porque me encontré en aquel cubículo ensombrecido y rodeado de libros arruinados por la humedad, que parecían compartir su carácter destartalado con las paredes. Me encontré haciéndole preguntas a un hombre que hablaba con ciertos temblores en la voz y que, para ser sincero, no parecía del todo cuerdo.
En un momento, recuerdo que le dije:
- Señor Estévez, pero lo que no entiendo es... Si en verdad fuera este el caso y El General Stropajof contra los Gisoltropos hubiera ocurrido realmente y Vizzaltari sólo hubiera estado ahí para recopilar datos y escribir la historia... ¿qué tendría de malo? Digo, igual la historia es buena...
Encolerizado, en una bata desteñida y con olor a vino barato, subió de tono la voz y dijo:
- ¡Es el mejor escritor de la última década y es un mentiroso! Escribió sobre los Gisóltropos porque los visitó. Vio a los Gisóltropos, ¿entendés? Encubrió uno de los hechos científicos más grandes de todos los tiempos y se lo quedó para sí mismo! ¡Era una basura! ¡Una basura soberbia y arrogante! Y lo peor... Lo peor… es que nunca me contó nada… ¿Sabés las veces que me quedé esperándolo para dormir juntos, llorando y justificándose con que tenía que dejarlo escribir? ¡¿Te parece que alguna vez podía haber existido lugar en sus historias para el editor puto y reprimido por esta sociedad de mierda, que editaba sus mejores libros, mientras veía como el amor de su vida lo dejaba por un mundo choto de ciencia ficción?!
Estévez hizo silencio y pude ver su mirada oscurecerse...
- No sé qué vio del otro lado... bah, en realidad sí me doy una idea porque edité muchos de sus libros. Pero en un momento algo cambió. No era el mismo… y cuando se enteró que saqué la foto, perdí lo poco que me quedaba de él. Puso la orden de restricción y ya no volvimos a vernos…
Voy a saltarme la secuencia en la que el ex editor sacó un arma y quiso obligarme a que le practique sexo oral mientras el leía Las Cronicas de Jupiter y sus 12 Lunas. Y también voy a resumir el momento en el que le golpeé la cabeza con la pava llena de agua, dejándolo inconsciente con la 22 de acero en la mano. Hago esto solo para adelantar que lo que estoy transmitiendo lo hago hoy, desde un lugar diferente. Y no estoy siendo metafórico.
Sólo voy a decir que cierto editor olvidó mencionar cierta investigación que no pudo presentarle a la prensa. Una investigación que estaba recubierta por una carpeta de papel madera enmohecida, en la que había curiosas teorías sobre cómo abrir portales a otras dimensiones desde la Tierra. Voy a saltarme todo eso y quizás, con otros nombres, otras armas y otros seres, esta historia aparezca con más detalle en un best seller de ciencia ficción el próximo año. Inclusive con partes de la historia que no deben ser contadas. Seguro que cuando abran el libro, en la sección de agradecimientos, el primero que leerán será para El General.
Primero pensé que, en cuarentena, las noticias se estaban volviendo cada día más sensacionalistas. Pero después, recordé que el diario Unidos jamás había tenido ese tinte de fake news amarilla. Fue entonces que empecé a leer y, al parecer, la imagen había sido filtrada por uno de sus ex editores, que aseguraba que el señor Vizzaltari era un estafador. La imagen estaba en blanco y negro y se creía por el celuloide que tendría unos 45 años de antigüedad. Se veía a un hombre que, por el porte, podría ser nuestro sujeto en cuestión, con el cuerpo medio metido en una luz blanquecina. Al parecer, las fuentes confirmaron luego del infarto, que la foto coincidía con el interior de la casa del escritor y varios amigos habían aducido lo mismo. El punto era que Juan Estevez, quien había dejado de editar al general por diferencias artísticas hacía unos años, estaba empecinado en vender una historia en la que decía que sus escritos eran crónicas de hechos reales, ocurridos en universos alternos y no historias de ficción. Que el mismo Vizzaltari le prohibía entrar al estudio las noches en las que se quedaba trabajando hasta tarde, entre las 12:45 y las 4:00 AM, porque decía que era su momento de mayor inspiración y no quería ser interrumpido. Un día, Juan había atravesado la puerta para brindar por el éxito del último libro omitiendo esta regla y, sin que lo vean, había tomado la foto. Días después, se separaron. Ah sí, quizás se me olvidó mencionar el pequeño detalle de que además de editor y escritor eran pareja, pero eso sólo se divulgó años después. ¡Y ahora esto!
Por muy moderno que se hubiese puesto el mundo, nadie le creía a Estévez. Sin embargo, yo hice lo que suele hacer un escritor cuando ve algo raro en su obra, algo que no le cierra,y dudé para ver qué más había en este meollo de Sci-fi bizarro. Visité al editor en su monoambiente de Lanús y comprobé que quizás el negocio editorial no había tenido buenos pasares en los últimos años. Principalmente porque me encontré en aquel cubículo ensombrecido y rodeado de libros arruinados por la humedad, que parecían compartir su carácter destartalado con las paredes. Me encontré haciéndole preguntas a un hombre que hablaba con ciertos temblores en la voz y que, para ser sincero, no parecía del todo cuerdo.
En un momento, recuerdo que le dije:
- Señor Estévez, pero lo que no entiendo es... Si en verdad fuera este el caso y El General Stropajof contra los Gisoltropos hubiera ocurrido realmente y Vizzaltari sólo hubiera estado ahí para recopilar datos y escribir la historia... ¿qué tendría de malo? Digo, igual la historia es buena...
Encolerizado, en una bata desteñida y con olor a vino barato, subió de tono la voz y dijo:
- ¡Es el mejor escritor de la última década y es un mentiroso! Escribió sobre los Gisóltropos porque los visitó. Vio a los Gisóltropos, ¿entendés? Encubrió uno de los hechos científicos más grandes de todos los tiempos y se lo quedó para sí mismo! ¡Era una basura! ¡Una basura soberbia y arrogante! Y lo peor... Lo peor… es que nunca me contó nada… ¿Sabés las veces que me quedé esperándolo para dormir juntos, llorando y justificándose con que tenía que dejarlo escribir? ¡¿Te parece que alguna vez podía haber existido lugar en sus historias para el editor puto y reprimido por esta sociedad de mierda, que editaba sus mejores libros, mientras veía como el amor de su vida lo dejaba por un mundo choto de ciencia ficción?!
Estévez hizo silencio y pude ver su mirada oscurecerse...
- No sé qué vio del otro lado... bah, en realidad sí me doy una idea porque edité muchos de sus libros. Pero en un momento algo cambió. No era el mismo… y cuando se enteró que saqué la foto, perdí lo poco que me quedaba de él. Puso la orden de restricción y ya no volvimos a vernos…
Voy a saltarme la secuencia en la que el ex editor sacó un arma y quiso obligarme a que le practique sexo oral mientras el leía Las Cronicas de Jupiter y sus 12 Lunas. Y también voy a resumir el momento en el que le golpeé la cabeza con la pava llena de agua, dejándolo inconsciente con la 22 de acero en la mano. Hago esto solo para adelantar que lo que estoy transmitiendo lo hago hoy, desde un lugar diferente. Y no estoy siendo metafórico.
Sólo voy a decir que cierto editor olvidó mencionar cierta investigación que no pudo presentarle a la prensa. Una investigación que estaba recubierta por una carpeta de papel madera enmohecida, en la que había curiosas teorías sobre cómo abrir portales a otras dimensiones desde la Tierra. Voy a saltarme todo eso y quizás, con otros nombres, otras armas y otros seres, esta historia aparezca con más detalle en un best seller de ciencia ficción el próximo año. Inclusive con partes de la historia que no deben ser contadas. Seguro que cuando abran el libro, en la sección de agradecimientos, el primero que leerán será para El General.

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