miércoles, 3 de julio de 2019

Silla en la vereda

Estaba estresado el pibe. En esos años de laburo me había explicado un montón de cosas sobre la vida, la viveza y los pasos para siempre “jugar inteligente”

Así sin más, un día, cavilando, tomó un cajón de manzanas que estaba en el depósito y lo puso en la vereda. Después se sentó encima y se cruzó de piernas. Yo le saqué una foto con el celular porque quería que hubiese constancia de ese momento.

Nicolás estaba mirando al horizonte de la avenida. Dubitativo, expectante. Como si estuviese esperando un correo del universo con remitente en esa ridícula silla improvisada.


No pasaba nada y pasaban un montón de cosas.



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