Silla en la vereda
Estaba
estresado el pibe. En esos años de laburo me había explicado un montón de cosas
sobre la vida, la viveza y los pasos para siempre “jugar inteligente”
Así
sin más, un día, cavilando, tomó un cajón de manzanas que estaba en el depósito
y lo puso en la vereda. Después se sentó encima y se cruzó de piernas. Yo le
saqué una foto con el celular porque quería que hubiese constancia de ese
momento.
Nicolás
estaba mirando al horizonte de la avenida. Dubitativo, expectante. Como si
estuviese esperando un correo del universo con remitente en esa ridícula silla
improvisada.
No
pasaba nada y pasaban un montón de cosas.

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